Grabado que ilustra la autopsia de una cara humana (1883)
Grabado que ilustra la autopsia de una cara humana (1883)
Interacción

Tecnología en cueros: una nueva piel para humanos y máquinas

¿Te imaginas que pudieras subir el volumen de tu móvil pellizcando su carcasa? Una nueva generación de membranas artificiales podría revolucionar el modo en que interactuamos con otros dispositivos e incluso entre nosotros

Tú ya no te acuerdas -solo llevabas ocho semanas gestándote- pero el tacto es el primer sentido que desarrollaste. Nacemos conscientes de la presión, dureza, textura y temperatura del mundo que nos roza. Y lo estamos desaprovechando. Bueno, nosotros no tanto; la industria tecnológica.

Teniendo en cuenta la complejidad de las sensaciones que podemos registrar y procesar con la piel que nos envuelve, que nuestro móvil nos lo diga todo vibrando es tan sutil como clavarnos un tenedor. "El tacto es una herramienta de valor incalculable para explorar el mundo y percibir información sobre él. Y está siendo enormemente infrautilizada, en comparación con la ubicuidad de los inputs visuales y auditivos", afirma Alice Haynes, investigadora del grupo de robótica blanda de la Universidad de Bristol.

  • La revolución tecnológica del pellejo

Desde el punto de vista tecnológico, el concepto de la piel no puede ser más versátil en las vías de investigación que abre y las aplicaciones que estas prometen. Haynes trabaja en un interfaz que llama estimulador eléctrico empático supercutáneo (SCWEES, por sus siglas en inglés). Este sistema podría usarse para incrementar el realismo y la calidad de las experiencias inmersivas en entornos de realidad virtual, intermediar en interacciones sociales a distancia, servir de canal de información adicional para personas con discapacidades visuales o auditivas, traducir sensaciones táctiles a usuarios de prótesis... "Mi interés personal es crear dispositivos que contribuyan a la salud mental y el bienestar, rediciendo el estrés y la ansiedad. Estoy traduciendo las cualidades terapéuticas de acariciar a una mascota, abrazar a un ser querido, o meditar en dispositivos reconfortantes", explica.

Por su parte, Atif Syed dirige Wootzano una empresa escocesa que también fabrica pieles, pero para robots. Su producto estrella, Wootzkin, surgió por casualidad, mientras trabajaba en el desarrollo de un parche flexible apto para administrar fármacos. "Acabé creando una fórmula única con increíbles propiedades", recuerda. La membrana resultante incorpora ahora sensores de presión, temperatura y humedad, que permiten algo tan fácil para ti y tan difícil para un robot como manipular verduras sin hacerlas puré antes de tiempo. "Wootzkin permite al robot saber exactamente cómo de blando es el producto, de manera que puede agarrarlo con precisión, sin dañarlo", añade Syed. Esta piel para máquinas permite también sensorizar extremidades prostéticas, operar en centrales nucleares y centros de producción eólica en remoto, y asistir en cirugías.

Funda de piel artificial para móviles

Marc Teyssier quiere poner piel a tu móvil. Y a tu smartwatch. Y al trackpad de tu ordenador portátil. Su prototipo se llama Skin-On Interfaces. "Lo primero que me preguntan siempre es 'qué coño has hecho'", admite entre risas. Su campo de estudio es la comunicación afectiva y la forma de devolver el sentido del tacto a la tecnología. "Si estás cara a cara con alguien, normalmente, usas el contacto físico. Con los teléfonos y la comunicación mediada en general, perdemos totalmente este sentido".

El punto de partida para esto es el diseño de tecnologías que podamos tocar como tocamos a los humanos y viceversa. "En ciencia ficción siempre aparece la visión de transhumanismo. En algún punto, humanos y máquinas nos fusionamos. Pero el camino siempre va desde el humano, al que se le pone un poco de máquina. ¿Qué pasa si nuestros dispositivos tuvieran características humanas? ¿Cómo cambiaría esto el modo en que interactuamos con ellos?", se pregunta Teyssier. Por lo pronto, su carcasa permite subir el volumen a pellizcos y enviar emoticonos alegres y enfadados con cosquillas y apretones, respectivamente.

  • ¿Para cuándo?

Algunas tecnologías próximas a los planteamientos de Teyssier, Syed y Haines ya están en el mercado. Es el caso de la camiseta sonora, de Cute Circuit, que recurre a la manida vibración, pero la lleva un paso más allá. Estas prendas incorporan 16 activadores que reciben la música y la reinterpretan, de manera que los violines, por ejemplo, se sienten en los brazos y los tambores en la espalda. Con este sistema logran crear una experiencia inmersiva que permite a las personas sordas sentir la música en su piel.

Hey va un (siniestro) paso más allá. Estas pulseras están creadas para acariciar en remoto. Sus creadores lo describen como el primer wearable que imita el contacto humano, para que puedas sentir a tus seres queridos allí donde estén. Si tú te pones una y yo me pongo la otra, basta que pase un dedo por la superficie de la mía para que tú sientas un pequeño apretón en tu muñeca.

Por lo demás, aún queda camino por recorrer. Haynes aún pronostica una buena temporada de vibraciones de toda la vida. "El sector tecnológico está abierto a estas tecnologías, pero ahora mismo la vibración es el método más sencillo, efectivo, pequeño y fácil de embeber para generar sensaciones hápticas. "Hasta que los otros métodos no alcancen un nivel similar, la integración será lenta".

El fundador de Wootzano se muestra más optimista. En su opinión, estas pieles artificiales acabarán siendo como las lentejas. "Lo que la piel ofrece es algo que otras tecnologías actuales no han logrado resolver", asegura. Y para Marc Teyssier, el principal obstáculo está en nuestras cabezas. "El problema no es técnico, es de aceptación social. Este proyecto aborda algo con lo que no estamos cómodos como humanos: la encarnación. ¿Qué está vivo y qué no? Tendemos a pensar en los teléfonos como objetos inanimados, pero si les añadimos características orgánicas, se nos hace difícil estar cómodos con ellos", razona.

Si todo avanza, daremos una vuelta a la tendencia que hemos seguido en el último par de décadas. "En el mundo moderno tenemos muchas interacciones sociales a distancia. Crear interacciones sociales de contacto físico mediado que sean positivas y emotivas podría ayudar a salvar esta brecha", explica Haynes. "Incluso algo tan simple que alguien nos dé una taza fría o caliente afecta a nuestra respuesta emocional ante esa persona, por eso no deberíamos subestimar la importancia del tacto en nuestro bienestar emocional".

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