La burocracia es el mayor obstáculo para el despegue tecnológico chino

El jet C919 lleva mucho retraso, y es un caso más de los problemas de Pekín para independizarse del software y el hardware foráneo

Boeing 737 MAX de China Southern Airlines, puesto en tierra en Seattle (Washington, EE UU).
Boeing 737 MAX de China Southern Airlines, puesto en tierra en Seattle (Washington, EE UU).

Los problemas del avión chino C919 deberían aliviar a sus rivales extranjeros. El jet comercial de pasillo único, destinado a competir con el Airbus 320 y el Boeing 737, va con retraso y está plagado de problemas a pesar de –o quizás por– el gran apoyo estatal. El plan Made in China 2025 del presidente Xi Jinping para sustituir el hardware y el software foráneos por versiones locales puede tener dificultades para coger altura por razones similares.

Pekín lleva décadas tratando de romper el duopolio occidental en los pedidos de aerolíneas chinas. Boeing, pronostica que el mercado chino requerirá 8.090 nuevos aviones para 2038, y valora el mercado en 1,3 billones de dólares más otros 1,6 billones en servicios. Los problemas del 737 MAX podrían haber dado una oportunidad a la Corporación de Aviones Comerciales de China, Comac... si tuviera un avión que vender. No lo tiene. Al igual que su predecesor, el desastroso jet regional ARJ21, el C919 lleva mucho retraso. Fuentes cercanas describen una serie de problemas, que van desde errores de cálculo, grietas en los estabilizadores horizontales y problemas en la caja de cambios que afectan a los seis reactores que se están probando. Es poco probable que el programa, que se inició en 2008, alcance su ya poco ambicioso objetivo de entrega en 2021. Para entonces, puede que sea caro, anticuado e impopular entre las aerolíneas.

Es un consuelo para Boeing y Airbus, y quizás para otros preocupados por que el modelo chino conquiste fácilmente las barreras tecnológicas con fondos y concentración empresarial. Los problemas del C919 no son de talento o dinero –China tiene de sobra– sino los vastos silos burocráticos de los gigantes estatales que impiden que la información se mueva directamente entre divisiones. Hándicaps similares se pueden encontrar en los fabricantes de coches. Con Xi, Pekín ha empujado a los líderes comunistas a los consejos de las tecnológicas privadas, y pueden empezar a aparecer síntomas parecidos en las firmas de chips de memoria, por ejemplo, o en los diseñadores de soft­ware. El mayor riesgo para China es que el Gobierno se esfuerce demasiado.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías