Pekín dirige los automóviles verdes en otra dirección

2020 podría ser el comienzo de una década híbrida, según calculan los analistas de Morningstar

China conduce coches limpios. En el país circulan cuatro de cada 10 vehículos eléctricos vendidos en todo el mundo. Sin embargo, la disminución de las subvenciones ha revelado una tibia demanda que llevará al Estado a proporcionar más apoyo a otros tipos de vehículos verdes. Eso recargaría las pilas a unos fabricantes más que a otros.

Hasta hace poco, los políticos han favorecido los sistemas de propulsión eléctricos puros, menos contaminantes. Sin embargo, los compradores quieren algo barato. Las ventas de los llamados vehículos de nuevas energías cayeron casi un tercio entre julio y octubre, después de que el Gobierno les retirase aproximadamente la mitad de las ayuda. Los híbridos son menos difíciles de vender a los conservadores consumidores y más baratos de fabricar. Eso promete una mayor rentabilidad tanto a fabricantes como a políticos. Dado que la tecnología ya existe, China puede simplemente ajustar las políticas actuales para reactivar las ventas.

Las últimas propuestas dan a entender que eso es lo que va a ocurrir. Se cambiaría la clasificación de los híbridos a “vehículos que ahorran combustible”, para que cuenten en las cuotas de coches limpios. Eso haría esta tecnología más atractiva para los fabricantes, que en 2020 deben incluir al menos un 12% de modelos más verdes en su total de ventas, un porcentaje que deberá aumentar en los próximos años.

Con el mayor mercado de coches mundial respaldando la tecnología, 2020 podría ser el comienzo de una década híbrida, según calculan los analistas de Morningstar. Toyota y Honda son dos empresas con una fuerte mezcla de modelos y una presencia firme en los principales mercados. Eso les da una formidable ventaja inicial sobre sus rivales y debería ayudarles a aumentar su cuota de mercado en China.

Los predicadores de lo eléctrico sufrirán. Tesla, Nio y muchas otras empresas de reciente creación chinas contaban con el respaldo de Pekín y no está claro que puedan permitirse desarrollar un núcleo diferente a tan corto plazo. Posiblemente se vean forzados a esperar hasta que disminuya la excitación por los híbridos con la esperanza de que la reducción de costes les permita introducir en breve las baterías en el mercado de masas a un precio asequible. Si tienen capital para esperar, es posible que la paciencia les compense. La electrización podría ser el destino final, pero China cambiará la ruta de lo que promete ser un camino largo y lleno de curvas.