Imitar lo mejor de las diferencias entre regiones que revela el informe Pisa

Parece razonable pensar que, junto al factor renta, la política educativa de cada comunidad pueda jugar un papel en los resultados de las pruebas

Edición tras edición, los resultados del informe Pisa que publica cada tres años la OCDE provocan un sinfin de análisis y opiniones contrapuestas en torno a las cualidades y defectos –más bien los defectos– del sistema educativo español y sobre el porqué del desigual desempeño de sus alumnos en las pruebas. Las conclusiones del informe de 2018, que en España excluyen en esta ocasión las notas de lectura por un error en la realización del examen, no arrojan dramáticas variaciones respecto a la edición anterior, pero sí muestran un ligero empeoramiento en ciencias y un cierto estancamiento en matemáticas. Como en ediciones anteriores, Pisa ha vuelto a erigirse como una suerte de muralla que separa las aulas de la España del norte y la del sur. Los alumnos navarros, castellano leoneses y vascos, por este orden, destacan en matemáticas mientras que los gallegos, castellano leoneses y cántabros lo hacen en ciencias. Mientras de forma global, España se sitúa en la mitad del ranking de la OCDE, entre 13 países que no han experimentado cambios relevantes de una a otra edición, el análisis en detalle revela que los escolares gallegos, por ejemplo, obtienen en ciencias la misma puntuación que los taiwaneses o canadienses mientras que los de Ceuta sacan una nota similar a los de Albania.

La gran pregunta que se plantea a la vista de estas diferencias –a la que todavía no se ha dado una respuesta del todo satisfactoria– es qué factores determinan resultados tan dispares. La desigualdad de renta y los factores ambientales y socioeconómicos, que suelen esgrimirse como primera explicación, tienen sin duda un peso específico, pero no explican suficientemente por qué una región con una renta no excesivamente alta, como Castilla León, sale tan bien parada en las pruebas o por qué un país que no destaca por su riqueza, como es Estonia, sobresale por delante de naciones de mayor renta.

En el caso de España, donde las competencias de educación están transferidas a las comunidades autónomas, parece razonable pensar que la política educativa propia de cada región pueda jugar un papel en la calidad de la enseñanza y en los resultados de las pruebas. Precisamente por ello, y más allá de insistir en la importancia de invertir en educación, estudiar e imitar las buenas prácticas que desarrollan en esta materia las comunidades autónomas que obtienen mejores resultados en Pisa puede ser un primer paso hacia una reforma de la enseñanza en la que se prime la calidad y la eficiencia por encima de condicionantes ideológicos o geopolíticos.