El peso del entorno socioeconómico en el informe PISA

Los alumnos navarros y gallegos llegan a estar hasta un curso por encima de los de Canarias o Andalucía

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La OCDE, que elabora cada tres años un reputado informe PISA que evalúa a los países y sus regiones en base a una serie de notas, considera que más de 30 puntos de diferencia entre dos lugares equivale a una brecha de un curso escolar. Este corte, atendiendo a los datos de la edición de 2018 –presentada ayer–, sitúa a los alumnos españoles de 15 años un año por debajo de sus semejantes japoneses, estonios y canadienses tanto en matemáticas como en ciencia. El rendimiento en lectura, debido a las “anomalías” detectadas por la OCDE, no se ha publicado aún en España.

Sin embargo, esta brecha no se da únicamente de puertas hacia fuera. Los resultados de las CC AA ofrecen una radiografía marcada por la desigualdad que, como en tantos otros temas, marca una frontera invisible entre el norte y el sur. Así, analizando las competencias en matemáticas, Navarra (con 503 puntos) se sitúa más de un curso por encima que zonas como Canarias (460), Andalucía (467) o Extremadura (470). En ciencias, por su parte, es Galicia (510) la más avanzada, también un curso escolar por delante de Canarias, Andalucía y Extremadura, que se mueven entre los 470 y los 473 puntos. A grandes rasgos la tónica se repite y las comunidades con peores rentas salen peor paradas que las de la parte de arriba de la tabla. Melilla y Ceuta, de hecho, llegan a estar hasta tres cursos por debajo de Galicia, si bien es cierto que esta es la primera vez que estas ciudades participan en la prueba, por lo que el rodaje que tienen es menor.

“Generalmente, los estudiantes con más ventajas socioeconómicas obtienen un de­sempeño mejor en PISA que aquellos que presentan desventajas”, explica el citado informe. Además, tal y como recoge el documento, esta parece ser una constante que apenas ha variado en la serie histórica. En la última edición, a nivel global y en las pruebas de lectura, los estudiantes de entornos favorecidos superaron a los de las zonas más pobres en 89 puntos (casi tres cursos escolares). Nueve años atrás, en la prueba de 2009, esta brecha fue de 87 puntos.

Hay más argumentos que ponen el foco en el factor socioeconómico. En promedio, de todos los países de la OCDE, más del 10% del rendimiento en lectura se debe a causas externas como la renta o el contexto del estudiante. Además, mientras que un 17,5% de los mejores alumnos provienen del entorno más aventajado posible, solo un 3% llega de los grupos más desfavorecidos.

Pese a la gran diferencia entre comunidades autónomas, en esta edición la brecha entre las zonas punteras y las más atrasadas se hace un poco más pequeña. Algunas de las que obtenían los mejores resultados (como Navarra, Castilla y León, Cataluña o Madrid) sufren acusadas pérdidas de hasta 29 puntos. Y las que normalmente se quedan a la cola caen uno, dos o tres números, o incluso recuperan posiciones. “Hay una pérdida en la mayoría de las zonas del norte y un leve repunte del sur. Este PISA es el primero que ofrece una foto de la generación de la Lomce que ha vivido la crisis y los recortes en educación y ayudas sociales, y muestra en cierta forma las consecuencias de esos años”, explica Ainara Zubillaga, directora de educación en Fundación Cotec para la Innovación. “Detrás de las diferencias entre regiones están fundamentalmente los niveles de renta de las comunidades, el gasto de las familias, las tipologías del centro y las cuantías públicas destinadas para la educación”, señala Francisco Pérez, director de investigación del Ivie.

La renta, las cuantías destinadas a educación o la matriculación temprana son puntos clave

Pero hay más. Zubillaga, que ve en el informe PISA “un síntoma más de lo que necesitamos transformar desde hace muchos años”, también pone el foco en que no todo se reduce a las pruebas. “Creo que lo más importante no es la puntuación en matemáticas, ciencia o lectura, sino la información que subyace al cruzar variables socioeconómicas como la segregación, el clima en el que se desenvuelve cada estudiante, la equidad o los recursos de las familias. Son aspectos más importantes que la nota que un grupo obtiene en matemáticas”. El propio documento, de hecho, recuerda el peso que tienen puntos como el trabajo de los padres, los recursos y materiales de los que el estudiante dispone en su vivienda, el tipo de escuela o el esfuerzo de los hogares para financiar la educación de los adolescentes.

Pese a la importancia de los factores económicos, hay otros aspectos en cuanto a políticas, formatos y métodos docentes que también son capitales en los resultados. España, donde las competencias en educación están transferidas a las comunidades, tiene un buen ejemplo: Castilla y León, con una renta por debajo de la media pero con unos resultados punteros en PISA. “Sería bueno saber qué prácticas lleva a cabo esta zona, pero es una oportunidad mal aprovechada de la descentralización, porque no hay información suficiente sobre sus métodos y políticas”, desarrolla Pérez, que deja en el aire algunas medidas a tener en cuenta para evitar “el efecto barrera de los factores económicos”. El experto del Ivie recuerda lo importante que es fomentar la matriculación en las primeras etapas de la docencia, reducir al máximo posible las tasas de repetición, fomentar una equidad que contrarreste el efecto de la diferencia de renta y asegurarse que el dinero que se gasta está bien invertido, “sobre todo en un sistema ya consolidado como el nuestro, en el que cuesta hacer los cambios necesarios”.

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