El crudo, al albur de la guerra comercial

Las consecuencias no deseadas de la diplomacia nuclear y comercial están afectando al petróleo

El ataque de septiembre con drones a la producción de petróleo de Arabia Saudí, que de la noche a la mañana redujo temporalmente a la mitad la producción, puso de relieve las vulnerabilidades de la infraestructura del reino. Mientras que los rebeldes en Yemen reivindicaron la responsabilidad del ataque, Washington y Riad lo consideraron imposible sin el apoyo de Irán.

El conflicto de Oriente Próximo está demostrando ser un indicador de las tensiones entre EE UU (y sus aliados, incluido Arabia Saudí) e Irán, China y Rusia. EE UU respondió preparando nuevas sanciones contra Irán y el presidente Donald Trump ha dicho repetidamente que su administración está estudiando opciones y ha suavizado los llamamientos a la represalia militar. El ministro de Exteriores de Irán, Javed Zarif, negó su participación, repitiendo los llamamientos para que se reinicien las conversaciones a fin de resolver las diferencias con EE UU sobre el programa nuclear de Irán.

En mayo de 2018, EE UU se retiró unilateralmente de sus compromisos con los Gobiernos europeos para limitar las ambiciones nucleares de Irán y volvió a imponer sanciones al país. Eso dejó a Teherán con pocas opciones de negociación y una producción de petróleo cada vez menor.

El impacto inmediato del ataque del 14 de septiembre afectó a 5,7 millones de barriles por día, el equivalente a alrededor del 5% de la producción mundial, lo que elevó los precios del petróleo crudo casi un 15%. Aun así, la compañía petrolera nacional Saudi Aramco restauró su producción en dos semanas. El peligro es que cualquier obstáculo adicional para la economía mundial, que ya está haciendo frente a las perturbaciones comerciales entre Washington y Pekín (incluida la compra de menos petróleo estadounidense por parte de China) y a las incertidumbres en torno al Brexit, se traduzca en una menor demanda de los consumidores y en una ralentización generalizada.

Históricamente, China, el mayor importador de crudo del mundo, obtiene su petróleo de Rusia, Arabia Saudí e Irán. A raíz de los primeros aranceles estadounidenses sobre los productos chinos, las importaciones chinas de petróleo de EE UU se redujeron a la décima parte.

En el contexto actual, un aumento de los precios del petróleo y el deterioro de la economía mundial deberían hacer que el dólar estadounidense se apreciara progresivamente frente a las monedas cíclicamente sensibles, especialmente la rupia india y la lira turca. Cualquier deterioro más amplio también haría que el oro atrajera flujos de refugio seguro, especialmente en el contexto de los bajos rendimientos de los activos de los refugios tradicionales.

Dicho esto, es poco probable que exista un alto riesgo de una crisis petrolera a largo plazo. En nuestra opinión, el único desencadenante de una crisis profunda y duradera (y de unos precios del petróleo más altos) sería un conflicto prolongado alrededor del estrecho de Ormuz. Una cosa está clara: las consecuencias no deseadas de la diplomacia nuclear y comercial de EE UU se están manifestando en Oriente Próximo por el petróleo.

Stéphane Monier es CIO de Lombard Odier