El voto útil es el voto a PP y PSOE y si pactan, mejor

El éxito de Ciudadanos y Podemos ha sido productivo en ayuntamientos y comunidades autónomas e ineficaz para gobernar España

El voto útil es el voto a PP y PSOE y
si pactan, mejor

El éxito de Ciudadanos y Podemos ha sido productivo en ayuntamientos y comunidades autónomas e inútil para gobernar España.

Los números y los hechos no dejan ningún lugar a la duda. La fuerte caída de los dos grandes partidos políticos y el simultáneo ascenso de Podemos y Ciudadanos desde las elecciones del 20 de diciembre de 2015 han puesto en jaque la estabilidad política, hasta el punto de que este domingo estamos convocados a las cuartas elecciones en menos de cuatro años. Quienes quieran poner fin a la cadena de elecciones lo mejor que pueden hacer es votar al PP o al PSOE, al PSOE o al PP. Los partidos adolescentes han dado muestras de que, al menos a escala nacional, solo conducen a la melancolía.

En las elecciones de noviembre de 2011, las que ganó Mariano Rajoy con mayoría absoluta, los dos grandes partidos sumaron 296 diputados. Desde entonces, el apoyo a los dos grandes no ha parado de bajar, hasta hacer suelo en 189 diputados (PSOE 123 y PP 66) el pasado 28 de abril.

Las encuestas dan recuperación del bipartidismo, por mejoría del PP, y fin de fiesta para Albert Rivera y Pablo Iglesias. La causa de este desinfle parece estar en que los españoles se han cansado de que hablen tanto y hagan tan poco para facilitar un Gobierno. Pese a su corta historia, lo mejor lo han dejado atrás y la probabilidad de que Rivera termine dimitiendo la próxima semana es enorme y la de Iglesias no es menor.

La crisis de Podemos arranca con la constatación de que Pablo Iglesias no quiere más contraste de opinión que el de Irene Montero. La mutua autoafirmación, sin filtro posible, les lleva a la compra de finca con casoplón en Galapagar en la primavera de 2018, para lo que suscribieron una hipoteca de 540.000 euros. Hacen lo que critican. Acusan a los demás partidos de estar atados a los bancos por pedir créditos, pero ellos, los nuevos afectados por la hipoteca, pueden endeudarse. A ellos no les ata. Solo faltaba.

Era el remate para una dirección del partido en descomposición. En poco tiempo salen cinco de los seis miembros del núcleo duro de Podemos. Salen Luis Alegre, Carolina Bescansa, Juan Carlos Monedero, Tania González e Íñigo Errejón. Luego vino el spin-off de Más Madrid, creado alrededor de las figuras de Manuela Carmena e Íñigo Errejón, que ha dado cobijo a todos los desertores que han querido.

Mientras, Ciudadanos anda de borrachera. La situación de Cataluña y el aire fresco de Inés Arrimadas llevaron a que Ciudadanos fuera el partido más votado en las elecciones catalanas de diciembre de 2017, con el 25,4% de las papeletas y 36 de los escaños. Tanto apoyo no sirvió para mucho, ya que el bloque soberanista sumó mayoría absoluta.

Este resultado catapultó a Ciudadanos en las encuestas, como dos años antes había pasado con Podemos. Había sondeos que les daban el 28% de los votos. Sin embargo, la pérdida de iniciativa y el descoloque que les supuso la moción de censura de Sánchez en mayo de 2018, sumados al surgimiento de Vox, hicieron que esa nube de expectativas se desvaneciera en una cosecha de un 16% de los votos. Eran 12 puntos menos de lo que esperaban un año antes, pero era un tesoro. Sus 57 diputados, sumados a los 123 del PSOE daba una coalición con mayoría absoluta clara y estable para gobernar una legislatura sin despeinarse. El problema es que ese resultado lo consiguió prometiendo el rechazo al PSOE. Precisamente esa alianza era la preferida por los españoles en todas las encuestas, pero Rivera ya había girado el partido a la derecha.

El error estratégico de rechazar de entrada a Sánchez hizo la campaña al PSOE y, ya con los votos contados, rompió la dirección de Ciudadanos. Salieron Toni Roldán, Francisco de la Torre, Javier Nart, Carolina Punset, Xavier Pericay y, sobre todo, Francesc de Carreras, padre intelectual del partido y de Rivera.

Las luchas internas de Podemos y Ciudadanos tienen mucho que ver con la soberbia pueril con la que se han manejado sus líderes nacionales. Ambos tenían opciones reales de haber evitado estas segundas elecciones si hubieran sido generosos con Sánchez en la investidura. Luego tendrían cuatro años para exigirle y ponerle contra las cuerdas.

El PSOE terminó apoyando al PP en la repetición electoral de 2016. Rajoy fue investido gracias a la abstención de 70 de los 85 diputados socialistas. Las grandes figuras de la historia reciente del PSOE impusieron el sentido común aun a riesgo de romper el partido. Hay que recordar que entonces el partido lo lideraba un Pedro Sánchez júnior, que se había instalado en el “no es no”. Lo contrario de lo que ahora predica. Pero el PSOE hizo lo que tenía que hacer, demostrando que el país está antes que el partido.

Puede que Pablo Casado se encuentre en la misma situación que Pedro Sánchez el lunes 11. A este país le mercería más la pena que se pongan de acuerdo los dos a que se eche en manos de Vox, un partido que es el anverso de la misma moneda que los independentistas. Ambos quieren cargarse la constitución y a ambos les molestan los periodistas que no son cómodos.

Si además de pactar la investidura, PP y PSOE fueran capaces de construir un programa común con las grandes cosas que hay que hacer: reforma constitucional para encajar Cataluña, reforma de la ley electoral para evitar el urnismo, reforma económica para hacer sostenible las finanzas públicas (pacto por las pensiones, reforma fiscal, financiación autonómica) y un pacto por la educación. Si hacen todo esto, entonces no importa que nos convoquen a votar otra vez en 2021 o 2022.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información, profesor de la Universidad Complutense